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¡Diferentes, pero no el uno sin el otro!

Viernes, 03/08/2019

A pesar de que actualmente proliferan las conversaciones sobre igualdad de género, el debate sigue siendo tabú. En un mundo laboral masculino, me sentí a veces discriminada y tuvo que mostrar una mayor perfectibilidad en el trabajo que mis homólogos masculinos para destacarme. La diferencia de género existe, pero la complementariedad sienta las bases para construir un futuro de respeto, tolerancia y buena voluntad.

Viernes 08/03/2019 - 08:00
Carole Millet Senior Investment Advisor

Somos tan iguales como diferentes por naturaleza

Si bien somos iguales ante la ley, antes de nacer, hombres y mujeres somos diferentes, tal como demuestra la genética. Incluso la medicina estudia los síntomas de las enfermedades y los protocolos de tratamientos diferenciándolos por sexo. Sin embargo, la historia de la humanidad ha generado las ideas preconcebidas que conocemos: la mujer tenderá a desarrollar rasgos de personalidad femeninos, más emotivos y asociados a la maternidad, mientras que el hombre responderá a las necesidades ineludibles para sacar adelante a su familia.
Si analizamos estos aspectos, tanto la vida familiar como la profesional, ciertos estudios han demostrado lo contrario: en una unidad profesional, el 60% de las mujeres debe responder también a las necesidades ineludibles de su familia, frente al 40% de los hombres. Muy a menudo, esto se percibe como una distracción en el trabajo. Sin embargo, las mujeres demuestran que la eficacia no implica necesariamente dedicar tiempo en el lugar de trabajo. Más bien precisa de una capacidad de adaptación permanente y de una excelente gestión del tiempo. Los países nórdicos comprendieron hace tiempo que los hombres también pueden ocuparse de su familia. No obstante, en otras partes del mundo, un hombre que se queda en casa para cuidar de sus hijos es objeto de incomprensión. A pesar de que Gobiernos y políticos no acaban de avanzar en igualdad de género, hemos presenciado el nacimiento de iniciativas privadas de grandes multinacionales, como el permiso de paternidad retribuido de Netflix y Microsoft.

La diferencia no debe constituir una lucha de poder

Las características intrapersonales de las mujeres son también sinónimo de éxito. Históricamente, las empresas fructíferas estaban casi todas administradas por hombres. En el inconsciente colectivo, un hombre representa la dirección, la autoridad y el poder. Sin embargo, nuestro mundo actual está viviendo un gran cambio y se ha constatado que la faceta emotiva de las mujeres o el liderazgo participativo constituyen una ventaja para los puestos con elevadas responsabilidades en empresas que apuestan por un cambio radical. Estos últimos años, he podido observar una profunda transformación en la integración y el reconocimiento de las mujeres en nuestra profesión. Sin embargo, queda todavía mucho camino por recorrer...
Tenemos una suerte innegable: la de haber nacido en un país en el que podemos hablar libremente de nuestras preocupaciones y trabajar codo con codo para encontrar soluciones. Aunque la gran mayoría de las mujeres en este mundo no tiene esta suerte, y sus condiciones se deterioran porque quizás su existencia, su individualidad y su participación se perciben como una lucha de poder.
A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de codearme con mujeres de distintos orígenes, procedentes de todos los estratos sociales, que me han inspirado profundamente por su tenacidad, su positividad y su voluntad altruista. Son estas mujeres las que me impiden dudar. Sus cualidades me inspiran y me dan ganas de decir: «¡Diferentes, pero no el uno sin el otro!»

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