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Guía para percibir rentas periódicas en un entorno de rendimientos bajos

Miércoles, 10/02/2019

En un momento en que el mundo está experimentando un escaso crecimiento nominal y los inversores se preparan para una «niponización» duradera de la economía de dimensiones mundiales, la búsqueda de rentas se intensifica.

Miércoles 02/10/2019 - 09:52
Luc Filip Head of Private Banking Investments

Desde 2018, las economías desarrolladas han experimentado una ralentización del crecimiento: EE. UU. prevé expandirse a una tasa de aproximadamente el 2 % y Europa y Japón, por debajo del 1 %. Los mercados emergentes no son inmunes a la tendencia actual de tensión en el comercio internacional.

La actividad industrial también se ha contraído en todo el mundo desde 2018, junto con la confianza de las empresas, que en Alemania se encuentra en sus niveles más bajos tras la crisis. La inflación continúa siendo bastante inferior al objetivo y tiende a la baja en la mayoría de las economías desarrolladas y en algunas emergentes. Además, se prevé que la inflación se mantenga en niveles reducidos durante más tiempo a causa de factores estructurales como la tecnología, el aumento del peso de los servicios en las economías y los elevados niveles de endeudamiento.

En este contexto, los bancos centrales no tuvieron otra opción que virar hacia posturas más acomodaticias, en claro contraste con su enfoque de solo hace un año, cuando se intentó normalizar la política monetaria poniendo fin a los programas de expansión cuantitativa y elevando los tipos de interés. Podría decirse que la política monetaria ha alcanzado sus límites, sobre todo en Europa y Japón, donde los bancos centrales tienen poco, si acaso, margen de maniobra. La Fed dispone de una mayor flexibilidad, pero ¿durante cuánto tiempo? La única conclusión razonable es que, la próxima vez que asistamos a un frenazo de la economía, serán necesarios estímulos fiscales, tal y como indicó recientemente el presidente del BCE, Mario Draghi.

En el plano positivo, no vemos ni rastro de ralentización en el sector servicios, que representa entre un 65 % y un 75 % del PIB de las economías desarrolladas y sigue creciendo en el conjunto de dicha esfera y en China. Además, el consumo de los hogares mantiene su solidez, dado que el desempleo es escaso y se orienta a la baja, el valor de los activos no está disminuyendo y existe una financiación asequible. Cabe destacar que, por el momento, el consumo de los hogares está compensando con creces la debilidad de la actividad industrial y la inversión.

Esto seguirá siendo así hasta que el empleo se vea afectado por la falta de confianza de las empresas, el valor de los activos disminuya (en el sector inmobiliario o en los mercados bursátiles) o un envite inflacionario exógeno (aumento de los precios del petróleo, de los aranceles, etc.) merme el poder adquisitivo real.

Dado el bajo crecimiento mundial, concebimos carteras con nuestro proceso de inversión, basado en el riesgo, tratando de hallar el equilibrio adecuado entre gestionar los riesgos de caídas y mantener el potencial alcista. Por tanto, en el ámbito de la renta fija, actualmente recomendamos invertir aplicando una nueva estrategia barbell, es decir, combinando deuda pública de duración larga con alto rendimiento de duración corta y deuda de mercados emergentes en divisas fuertes de duración corta.

En lo que se refiere a renta variable, nos decantamos por acciones centrales, que son acciones de empresas para mantener a largo plazo, con independencia del ciclo económico. Estas empresas cuentan con balances sólidos, unos beneficios adecuados y un crecimiento sostenible. Pueden encontrarse en diferentes sectores, pero todas tienen un denominador común: cada una de ellas presenta una ventaja competitiva sólida. También representan una fuente de rendimientos más que bienvenida en un mundo de bajos tipos de interés.