Flash

La necesidad de recurrir a soluciones diferenciadas para superar la «era de la ansiedad»

Miércoles, 10/09/2019

Se atisba una ralentización económica mundial en el horizonte, y los inversores se muestran temerosos de su efecto en los mercados. No obstante, la confianza del mercado es mucho peor que el actual desempeño de los activos financieros, y la economía mundial, por ahora, está resistiendo. En esta «era de la ansiedad», los bancos centrales han vuelto a coger las riendas, tanto a la hora de tranquilizar a los inversores como de tratar de frenar lo inevitable.

Miércoles 09/10/2019 - 10:25
Luc Filip Head of Private Banking Investments

La reciente decisión del BCE de reanudar su política de relajación cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) supone la primera vez que un banco central anuncia medidas de estímulo sin fecha de conclusión. Esta «QE infinita» debería ayudar a estabilizar la actividad económica. Además, la inteligente introducción del sistema de tramos para las reservas bancarias (tiering), que tiene en cuenta las estructuras del capital bancario, debería minimizar el efecto negativo de la reducción de los tipos para el sector financiero.

No obstante, también confirma que los rendimientos se mantendrán en niveles reducidos durante el futuro inmediato. Al actuar con semejante audacia, el BCE ejerció presión sobre la Reserva Federal para que recortara sus tipos poco después. El banco central estadounidense también sugirió una posible cuarta ronda de su programa de relajación cuantitativa para ampliar su balance. Ello prolongará la búsqueda de rendimiento, y la pregunta clave para los inversores de cara a los próximos años será cómo generar rentabilidades en un contexto con tipos tan bajos.

Múltiples fuentes de incertidumbre

La ampliación de las medidas acomodaticias ha impulsado los precios de los activos a corto plazo: la renta variable europea se ha revalorizado y la estadounidense está de nuevo acercándose a máximos históricos. Sin embargo, esta tendencia podría empezar a disiparse pronto. La relajación cuantitativa apenas tiene efectos reales a medio plazo, dado que los bancos siguen mostrándose reacios a conceder crédito a la economía real.

Además, los problemas de índole política —como el Brexit, las tensiones de EE. UU. con Irán y la continuidad de la guerra comercial entre Trump y Xi— están lejos de resolverse. Asimismo, existe una enorme dicotomía entre los sectores manufactureros, que están quedando rezagados, y los de consumo, en pleno dinamismo.

En paralelo, estamos empezando a asistir a la reversión de tendencias presentes en el mercado desde hace tiempo, tal y como demuestra el desplome repentino de los títulos «momentum», como algunos en los sectores de tecnología y consumo, en el último mes. Si bien el regreso de los títulos de valor —en los sectores financiero, de suministros públicos y de energía—, tradicionalmente más defensivos, suele ser sinónimo de un repunte en el crecimiento mundial, el desencadenante en esta ocasión sigue siendo incierto.

En resumidas cuentas, los inversores deben lidiar con un contexto cada vez más complejo. A medida que las tensiones geopolíticas persisten, la relajación cuantitativa adquiere un halo de perpetuidad y los líderes que reinaban en el mercado anteriormente sufren una mayor volatilidad, los inversores deben buscar más allá de las estrategias de asignación tradicionales.

Replantearse las antiguas estrategias de asignación

La complejidad que presenta la actual situación requiere una solución sofisticada. Los inversores deben adoptar un enfoque flexible y sin restricciones para protegerse frente a una posible caída y, al mismo tiempo, seguir generando rentabilidades.

Para desbloquear los rendimientos, los inversores tienen que pensar con originalidad. La forma en que el BCE diseñó la última ronda de QE ha mermado el diferencial de rendimientos disponible en Europa. Los rendimientos a diez años ya han convergido: el más elevado es el de Grecia, que se sitúa en el 1,28 %, y el más reducido, el de Alemania, en el -0,6 %. No existe mucho margen para generar alfa.

Por tanto, estamos diversificando las carteras de renta fija mediante la aplicación de una estrategia de inversión «Barbell», que consiste en combinar deuda pública con duraciones largas con títulos de deuda de alto rendimiento y deuda emergente con duraciones cortas. Asumir posiciones con duraciones más largas podría parecer contradictorio. Sin embargo, en un momento en el que la economía mundial se está «japonizando» (crecimiento e inflación en niveles reducidos durante más tiempo), si los inversores reducen la duración de la totalidad de la asignación a la renta fija podrían quedar expuestos a unos tipos bajos de forma persistente.

En este contexto, deberemos observar indicios concretos de recuperación de la actividad económica antes de incrementar la exposición a los activos de riesgo. El potencial alcista sigue siendo incierto y los indicadores macroeconómicos esperanzadores no tienen el mismo peso que los resultados empresariales positivos, que aún no se han materializado. Así pues, somos prudentes y adoptamos un posicionamiento neutral en la renta variable y selectivo a escala regional, con una ligera preferencia por Europa debido a sus atractivas valoraciones. No obstante, mantenemos la inversión con el fin de captar el posible repunte si el contexto mejora.

En cuanto a la protección, la efectividad de las coberturas de cartera tradicionales —como el oro, los bonos del Tesoro con vencimientos largos y los valores de calidad— se mantiene, pero podría verse cuestionada en el contexto actual. Por tanto, hemos incorporado coberturas con derivados en renta variable de cara a proteger la cartera frente a un desplome de los precios de los activos.

Esta combinación de posiciones largas en renta variable y coberturas —que incluyen el oro, los bonos del Tesoro con vencimientos largos y los valores de calidad— ya ha demostrado su eficacia: la mayoría de nuestras carteras mixtas cerraron el periodo estival ligeramente al alza.