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Parole, Parole, Parole…

Martes, 02/27/2018

El próximo 4 de marzo se celebrarán unas elecciones generales en Italia de las que saldrán los nuevos miembros del Senado (315) y del parlamento (620). Serán la última cita de un calendario europeo relativamente cargado que comenzó el año pasado con las elecciones en los Países Bajos en un contexto mucho más incierto, tanto en el plano político como económico. Después, también pasaron por el trance Francia, Alemania y Austria.

Martes 27/02/2018 - 09:00
Fabrizio Quirighetti Macroeconomic Strategist

En un momento en el que el horizonte económico parece bastante despejado, el resultado de los comicios italianos sigue siendo, por desgracia, bastante difícil de predecir debido a una ley electoral que se aplicará por primera vez y unos sondeos cuya credibilidad está muy cuestionada desde que está con nosotros un tal Brexit. A lo largo de los próximos párrafos, trataremos de explicar al lector lo que está en juego en estas elecciones italianas, calibrar las fuerzas de los contendientes, comprender si algunos resultados podrían desequilibrar de nuevo —o reforzar aún más— la construcción europea y, por último, cuáles podrían ser las consecuencias para los mercados financieros.

Un resultado muy incierto

Y por dos motivos: en primer lugar, porque las encuestas de opinión no dibujan una mayoría muy clara entre los grandes partidos, que son el PD (el Partido Demócrata de Matteo Renzi), cuya popularidad no deja de menguar y que obtendría el 25% de los votos; el M5S (Movimiento 5 Estrellas, fundado por Beppe Grillo), que conseguiría en torno al 30%; y una coalición de centro-derecha formada por Forza Italia (FI, Silvio Berlusconi), la Liga Norte (LN, Matteo Salvini) y Hermanos de Italia (FdI, Giorgia Meloni), con alrededor del 35% del total.
Por otro lado, estas elecciones se regirán por una nueva ley electoral, promulgada a finales del año pasado y conocida con el nombre de Rosatellum bis. Se trata de un sistema relativamente complejo pensado para posibilitar una mayoría de gobierno, ya sea con un partido o al menos una coalición, en cuanto se observe una distancia clara con el segundo clasificado (una especie de prima a la mayoría relativa).
- Alrededor del 36% de los escaños se atribuyen mediante una elección por mayoría relativa a una vuelta (232 diputados y 116 senadores).
- El resto de escaños, es decir, alrededor de dos tercios, se atribuyen mediante un sistema proporcional con un umbral mínimo del 3% para los partidos y del 10% para las coaliciones.

La principal consecuencia será, por tanto, una sobrerrepresentación de las coaliciones y una infrarrepresentación de los pequeños partidos. Para tener mayoría en el nuevo parlamento, una coalición debería obtener al menos el 40% de los votos en todo el país y alrededor del 70% de las circunscripciones (a una primera y única vuelta).
Si repasamos los posibles escenarios/coaliciones, parece imposible, a primera vista y a pesar del nuevo sistema electoral, que surja una mayoría suficientemente clara, ya que deberíamos asistir a un enfrentamiento muy ajustado entre el M5S y una coalición de centro-derecha formada por la LN y el FI, los dos con una intención de voto del 30%, seguidos del PD, con un 25%.
Sin embargo, la coalición de centro-derecha es la que tiene más probabilidades de acercarse a la mayoría en el nuevo parlamento. Debería obtener el 35% de los sufragios, frente al 25-30% del M5S, el 25-30% de la estrecha coalición de centro-izquierda (PD + algunos partidos minoritarios) y el 5-10% de la extrema izquierda (Liberi e Uguali, L&U).

Posibles escenarios e implicaciones para los mercados

Empecemos por las buenas noticias: una victoria de Luigi di Maio, el candidato designado por el Movimiento 5 Estrellas, sería sin lugar a dudas el peor escenario para las bolsas, los bonos italianos y la moneda única (dada su posición ambigua ante la Unión Europea), pero parece altamente improbable, toda vez que ni su partido, ni el resto de partidos, desean formar una coalición juntos. No solo le faltaría entre un 7% y un 10% de los sufragios nacionales, sino que, además, el centro-derecha debería hacerse con la mayoría de circunscripciones. En este caso, e incluso con una victoria del partido M5S, un gobierno minoritario liderado por el M5S tiene pocas opciones de ver la luz, ya que el actual sistema electoral favorece las coaliciones, lo que llevaría al presidente de la república a encargar la formación de gobierno a un representante de la primera coalición (centro-derecha) en lugar del primer partido. A partir de ahí, podemos descartar también la hipótesis de un gobierno antisistema (M5S, FIT y LN): aunque es posible sobre el papel a la vista de los votos previstos de cada uno de estos partidos, en la práctica las diferencias son sustanciales y un acercamiento conduciría a una pérdida de apoyo popular, ya que iría contra los principios y la razón misma del éxito del M5S, que se define como una formación "ni de derechas, ni de izquierdas".

Resultados de los sondeos realizados desde las anteriores elecciones, celebradas el 25 de febrero de 2013
Resultados de los sondeos realizados desde las anteriores elecciones, celebradas el 25 de febrero de 2013
Fuente
Wikipedia Fecha: miércoles, 31 de enero de 2018
El color de cada línea corresponde a un partido político:
El color de cada línea corresponde a un partido político:

Un gobierno de centro-derecha

Según los últimos sondeos, esta coalición no está lejos de obtener la mayoría (le faltarían entre 20 y 50 escaños). En el supuesto de que este déficit se redujera a menos de 20 escaños, podría suceder que se adhirieran algunos parlamentarios "centristas" del ala izquierda o desertores de otros partidos minoritarios. Esta "pequeña" mayoría sería acogida de forma positiva con subidas de la bolsa italiana o, en todo caso, con un mejor comportamiento relativo frente a otros mercados europeos, un descenso del diferencial entre la deuda italiana y la alemana y una ligera revalorización del euro a corto plazo, ya que la inestabilidad reinaría con una mayoría tan exigua.
La consecuencia sería un alejamiento de las incertidumbres derivadas de la celebración de otras elecciones en un plazo de entre seis y doce meses. No obstante, más allá del impacto positivo de la noticia a corto plazo, no deberían producirse efectos muy importantes y duraderos, ya que pronto surgiría una nueva incertidumbre: ¡la designación del primer ministro dentro de esta coalición de centro-derecha! El Sr. Berlusconi no puede asumir esta responsabilidad debido a su inhabilitación a causa de sus antecedentes judiciales, pero sigue siendo él quien mueve los hilos en su partido, mientras que el Sr. Salvini, y la Liga Norte, podrían aspirar a hacerse con este puesto. Las luchas intestinas amenazan con ser largas y ásperas y podrían crear disensiones. Por tanto, esta alianza no sería forzosamente muy estable y podría no durar mucho tampoco.
A este respecto, cabe destacar que el ascenso del Sr. Salvini al frente del gobierno borraría obviamente la primera reacción positiva de los mercados, aunque un nombramiento dentro del partido Forza Italia no garantizaría tampoco una reacción entusiasta de los inversores. Más aún cuando el actual primer ministro, el Sr. Paolo Gentiloni, que gestionará la transición durante la fase de negociaciones, está muy bien considerado entre los inversores.
Una derrota por escaso margen no cambiará apenas el escenario descrito arriba, con la siguiente diferencia: una reacción menos acusada del mercado a corto plazo, pero menos volátil a medio plazo, por la continuidad del mandato del primer ministro actual, y menos juegos de luchas y alianzas destructivas dentro de la coalición de centro-derecha.

Un gobierno formado por una gran coalición de centristas

Se trata de una alternativa factible en el caso de que ninguno de los partidos o coaliciones se imponga claramente. Primero, deberíamos asistir a una reacción ligeramente negativa de los mercados en la apertura, pero sin pánico, ya que, por un lado, el Sr. Paolo Gentiloni seguirá siendo primer ministro y, finalmente, si los partidos de centro-derecha y centro-izquierda unen sus fuerzas, sería ciertamente el mejor escenario posible. Abandono o marginalización de los partidos de extrema derecha, y de izquierdas en menor medida, con un nuevo viento de esperanza a semejanza de la victoria del partido del Sr. Macron en Francia. En este caso también habría que contar con la adhesión de algunos parlamentarios para garantizar la mayoría. En este caso también, una coalición amplia no significa forzosamente fuerte y cohesionada...
Por el momento, la coalición de centro-derecha parece más probable, pero la posibilidad de esta gran coalición de centro podría volver a plantearse de nuevo si los resultados de los partidos de extrema derecha fueran peores de lo previsto.

Nuevas elecciones

Si resulta imposible formar gobierno en los meses siguientes, habría nuevas elecciones en un plazo de 6 a 12 meses, como ocurrió en España en 2015-2016. Habría un efecto negativo, pero no sería duradero. Los presupuestos se verían afectados, pero, al final, ¿realmente sería una enorme sorpresa enterarnos de que Italia, que ha tenido 62 gobiernos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, no va a tener un verdadero gobierno durante unos meses? ¿Acaso les ha ido tan mal a Bélgica y España, que han conocido situaciones similares? ¿No es mejor a veces no tener gobierno que tener un mal gobierno? Ciertamente, Italia no es cualquier economía de la zona euro. Necesita —más que cualquier otro gran país de la región— reformas estructurales para intentar diluir lo más pronto posible su peligroso cóctel de crecimiento débil y deuda pública asfixiante. Pero los italianos, en su mayoría, no se dejan embaucar, ya que el peor de los escenarios en lo que respecta a un aumento descontrolado del déficit, es decir, una victoria en solitario de la Liga Norte, de Liberi e Uguali o del Movimiento 5 Estrellas es impensable actualmente. Por lo demás, el programa del PD mantiene el statu quo en materia de política fiscal, mientras que el impacto del programa de Forza Italia sigue siendo difícil de evaluar (promesas de rebajas sustanciales de impuestos y aumento de las jubilaciones, pero también voluntad, o más bien deseo, de situar el superávit primario en el +4% para reducir el ratio de deuda pública hasta el 110% de aquí a cinco años). Parole, parole, parole… Se puede ser optimista, pero, de todos modos, los italianos tampoco se creen mucho que se vayan a poner en marcha estas medidas. A menos que un día sople un viento nuevo en la política italiana, a imagen de lo que ha ocurrido en Francia.